Nikkei limeña

Familia e historia de migración se entrecruzan en este bello texto de Yuri Sakata.

Río Hablador|

Mi primer apellido (impronunciable para algunos trabajadores de call center) siempre ha suscitado una serie de preguntas (algunas muy extrañas y graciosas) que he podido ir respondiendo y respondiéndome con mayor solvencia conforme iba creciendo y conociendo. ¿Eres de China? ¿Por qué tienes ese apellido si eres peruana? ¿De dónde son tus papás? ¿Eres japonesa o peruana? ¿Sabes algo de animes? ¿Hablas japonés? ¿Cómo se dice «hola, chino»?

Lo cierto es que soy una nikkei limeña de tercera generación. Sin embargo, esta respuesta, fuera de clausurar la ronda de preguntas, solamente la avivaba. Cuando llego a ese punto, no puedo evitar recordar un testimonio de José Watanabe en el que cuenta cómo, a manera de broma, sus amigos lo responsabilizan por las averías de sus electrodomésticos japoneses y lo felicitan por las películas de Kurosawa. Claramente, muchos de quienes nos miran (a los nikkei peruanos) terminan identificándonos más con…

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