Conociendo Japón

Carmen GrauAyer se celebró en Valencia Ignite Languages , donde tuve la oportunidad de estrechar la distancia entre Japón y España delante de un público agradecido. Porque no siempre es necesario aprender japonés para acercarnos culturalmente. Ignite Languages es un formato de charlas de 5 minutos y 20 diapositivas donde se cuenta una historia o una idea de la mejor manera posible. Muchas gracias a la organización! Y aquí va mi pequeña aportación:

“Hoy Japón está de moda. Que si cocinamos sushi perfectamente, que si proliferan cientos de restaurantes de gastronomía japonesa, más Japón en los diseños…La globalización nos acerca a la interculturalidad, pero todavía es mucha la distancia entre España y Japón porque en realidad una gran mayoría sigue confundiendo Japón con China. No, no somos tan torpes me diréis. Bueno, depende. Después de años de vivir en Japón, de dedicarme a la interpretación de esta lengua y de que en mi pueblo me conozcan como “la japonesa”, me siguen preguntando por la calle qué tal va mi chino, si ya lo hablo perfectamente. Yo les miro estupefacta y les contesto: mi chino mal, ¡Pero el japonés la verdad es que muy bien!

Hoy quiero compartir con ustedes formas japonesas de hacer las cosas, para que los conozcamos mejor sin necesidad de aprender japonés. El idioma es importante, pero en esta cultura más lo es el código de conducta. Las diferencias culturales trastocan y resolverlas motiva. Al menos así me sentí yo estudiando en Japón. Observé, aprendí y acabé adaptándome para integrarme. Y esta es para mí la clave de la interculturalidad.

Pero no siempre se ha podido aprender sobre el terreno. Durante la II Guerra Mundial, EE.UU. le pidió a Ruth Benedict, una prestigiosa antropóloga, que estudiase las contradicciones del Japón. Querían conocer mejor al enemigo, que su comportamiento les diese pistas para ganar la guerra. La doctora les estudió a través de literatura, prensa y entrevistas a japoneses residentes en América. Obviamente, en tiempos de guerra, no se podía viajar allí y aun así logró radiografiar esas contradicciones. Según ella, el pueblo nipón era difícil de entender por las paradojas.

Y esas paradojas son las mismas que me he encontrado yo. Los japoneses son conservadores al cambio pero también unos grandes innovadores. Es un pueblo leal y disciplinado, lo dan todo por el trabajo pero también son delicados, pueden pasarse horas contemplando la belleza de una flor. Ahora imagínense que viajamos a Japón, desconocemos todo y no queremos meter la pata. ¿Cómo comportarnos? ¿Qué hacer en una reunión? ¿Cuándo hacer reverencias? No desesperen. Socialmente son extremadamente formales. El trato es siempre por el apellido. Y cuando se entrega una tarjeta en una reunión se hace con las dos manos y nunca, bajo ningún concepto, debemos meternos en el bolsillo la tarjeta que nos dan.

Los silencios y la paciencia forman parte de una negociación y de una discusión. Un silencio dice más que unas palabras. Y aunque no son muy expresivos, si nos fijamos en sus gestos cuando hablan, podemos determinar el éxito de una reunión. A mí me sigue sorprendiendo que los japoneses se duerman en todos lados, en el metro y de pie, en clase, en el trabajo. Dormirse=sentirse cómodo. Aunque yo siga sin entender esta regla de tres y el profesor no les lance el borrador en la cabeza.

Mi jefa japonesa pasó una tarde enseñándome a colgar el teléfono fijo. Sí, fue una tortura. Yo nunca había pensado en ello pero es que no hay que colgar directamente PUMBA, sino con el dedo interrumpir la línea, y luego colgar. Por educación. La jerarquía nipona está en todas partes. Incluso en el coche. Cuando subamos, mejor esperar a que nos digan dónde sentarnos. Según el rango y personas que suban, nos tocará en una posición o en otra. Prudencia.

Y ay! las reverencias…Eso merece una charla entera. Resumen: Hay tres niveles. Cuanto más inclinada más deferencia o más lo sentimos. Los extranjeros, con la básica, siempre quedamos bien. Al ir a un bar con japoneses veremos que se les acaba la cerveza y no dicen nada. Están esperando. La persona de al lado ha de estar al loro y rellenar la copa vacía. Ellos harán lo mismo por nosotros.

Un japonés nunca dice que No directamente, por no herir nuestros sentimientos. Son delicados en el trato al prójimo y te recibirán con una gran sonrisa. Ahora ya están saturados y me dirán que resulta difícil convivir con tantos corsés de conducta, sobre todo nosotros tan espontáneos. Pero yo les digo que si queremos ser respetados por otra cultura, observemos, aprendamos y adaptémonos. Esa es la clave. Aunque eso sí, cuando el amigo japonés venga de visita a España, se olvidará de la reverencia y estará encantado de saludar a las chicas con un par de besos.

Buenas noches y muchas gracias”

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