Tanabata o el festival de las estrellas 七夕祭り

Imagen Ukiyo-e. Tanabata Festival in Edo (1852). Ando Hiroshige. Fuente: www.hiroshige.org.uk

Imagen Ukiyo-e. Tanabata Festival in Edo (1852). Ando Hiroshige. Fuente: http://www.hiroshige.org.uk

Existe una bella leyenda en Asia que por su romanticismo encandila a niños y mayores. Y por supuesto, a extranjeros. La leyenda tiene múltiples versiones y aunque su origen es chino, otros países la han incorporado a sus costumbres. Es el caso de Japón que la importó hace siglos y desde entonces cada siete de julio celebra el festival de Tanabata reviviendo la leyenda de nuevo.

La historia de amor, no exenta de tristeza, cuenta que una tejedora a orillas de un río era conocida por sus bellas telas y buen trabajo. Sin embargo, la tejedora se sentía triste pues de tanto trabajar no tenía tiempo para conocer el amor. Su padre, orgulloso de la destreza de su hija pero preocupado por su tristeza un día decide presentarle a un joven arriero que vive en la otra orilla del río. Los jóvenes se enamoran al instante y poco después deciden casarse. Entusiasmados con la nueva vida que van construyendo, ambos comienzan a dedicarle más tiempo a su amor que al trabajo. Ella ya no teje telas tan a menudo y él va descuidando a sus animales. Un buen día, el padre de ella, sin telas ya que vender, monta en cólera y decide separarles. De nuevo el río se interpone entre ellos.

Ella no puede soportar la pena y ruega por verle otra vez. El padre acaba cediendo pero con una condición: solamente podrán verse si cumplen con el trabajo y una vez al año. La séptima noche del séptimo mes. Llegado el momento esperado, ambos amantes están preparados para cruzar el río, pero ¿Por dónde pasarlo para encontrarse si no hay puente y sin perder más tiempo? Las lágrimas de ella apiadan a las urracas que deciden ayudarles. Con sus alas dibujan un puente por donde los amantes logran juntarse. Desde entonces y cada año se produce el ansiado encuentro. De acuerdo a la leyenda, en esta noche mágica el arriero representa a la estrella Altair y la tejedora es la estrella Vega que durante esas horas de luna viajan por la Vía Láctea para encontrarse.

Actualmente durante el día siete de julio, niños y adultos japoneses esperan impacientes la llegada de la noche para que se cumpla algún deseo. Ese deseo ha sido previamente escrito en un papel y colgado de un árbol de bambú que decora escuelas, hospitales e incluso barrios de las ciudades que festejan la noche de las estrellas. Hay que esperar que no llueva y de ser así habría que posponer la cita un año más, pues las urracas no podrían extender sus alas ayudando a los amantes a encontrarse. Aquí en la tierra, donde miles de personas cuelgan deseos para que la noche mágica les ayude a cumplirlos, la lluvia tampoco es bienvenida pues moja el papel del que están hechas las ilusiones y tapa el cielo, impidiendo ver las estrellas y posponiendo un año más el tan anhelado encuentro.

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