Okinawa, paraíso nipón

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Existe un pequeño rincón en el mundo que todavía conserva intactas sus playas cristalinas, los aires tranquilos y gentes abiertas y amables. Un lugar que provoca la sensación que sólo nos atenaza cuando entramos en el paraíso: el tiempo se para. Como cuando amamos intensamente y el mirarse a los ojos es lo único que existe. O cuando al fin logramos aquello que más hemos deseado y por lo que hemos luchado. O quizá cuando disfrutamos de esas merecidas vacaciones sin relojes, estrés ni obligaciones.

Okinawa es más que un conjunto de islas paradisíacas donde perderse, bucear entre mantas u olvidarse de los turistas en medio de árboles centenarios y coloridos hibiscos.

Las islas del reino de Ryukyu, como antiguamente se denominaba a esta pequeña provincia de ultramar, vibran de ritmos culturales y sonoros. La tradición se mantiene. La historia del antiguo reino se erige en forma de majestuoso castillo de madera, cuyo color rojo brillante contrasta con el verde frondoso de sus árboles o el azul intenso del mar.

Okinawa son un conjunto de islas japonesas, donde siempre es verano. Amenazadas por tifones anualmente su historia es inseparable de la de Japón y la Segunda Guerra Mundial. Es por eso que sus gentes llevan escrito en el rostro una gran fortaleza y viven con alegría. Han mantenido el orden y competencia japonesa aportando vitalidad y relax.

Si algún día vas verás que es Japón, pero tampoco lo es. Y si llegas hasta ahí no te quedes en Naha, la capital. Descubre sus pequeñas pero casi inaccesibles islas. Todas ellas están repletas de bellas casas vigiladas por los diminutos y mitológicos seres Shisa. Desde los tejados protegen a sus habitantes y nos lanzan un mensaje: Este es otro mundo, nuestro mundo.

Podría mencionar varias de esas impactantes islas, y su trepidante historia, pero será otro día. Sólo decir que a su recuerdo es a donde me traslado de nuevo, imaginariamente, cuando la vida me pide una pausa. Entonces, el tiempo se vuelve a parar.

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Un comentario

  1. Lo que ha puesto es cierto.
    En Okinawa la gente está muy relajada.
    La gastronomía está bonísima y es muy distinta a la de Honshū.
    Al recordar mi viaje a Okimawa, me entra ganas de volver a hacer otro viaje. Es un sitio mágico.

    Gracias por recordarme aquel bonito tiempo.

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