Sentirse Lost in Translation o ¿Un atraco? ¡No, gracias!

Los malentendidos, la incomprensión, sentirse perdido o parecer estúpido. ¿A quién no le ha pasado algo de esto al hablar una lengua extranjera? A mí continuamente. Recuerdo mi primer día en Japón y mi primer shock cultural. Al entrar en la habitación de la residencia, el edredón de la cama estaba un poquito sucio. Nada grave, pero tampoco agradable y más después de un viaje tan largo. Este contratiempo era algo inimaginable en Japón, aunque todavía no lo sabía. Me quejé en inglés. En menos de una hora y cuando estaba intentando descansar después de un día y medio de viaje y padeciendo mi primer jetlag, aparecieron dos japoneses trajeados con sendos maletines. Pensé por un momento que eran policías. Y que algo pasaba.

Era un 13 de septiembre a la 13 del mediodía. Hacía muchísimo calor. La humedad era casi insoportable. Costaba respirar. Aún así, los hombres llevaban traje chaqueta y corbata oscuros. Sudaban y yo les miraba estupefacta, sufriendo por ellos. Tras un breve discurso incompresible comenzaron a hacerme reverencias. Estas eran increíbles. Sus cabezas rozaban el suelo y sus cuerpos hacían gala de una gran flexibilidad. No entendía nada. Les pedía que parasen, que yo no era nadie. Al final alguien logró hacerme entender en inglés que eran representantes de la empresa de lavandería encargada de los edredones. Se disculpaban por el lamentable incidente. No podía creerlo. Les dije que fenomenal, que adiós muy buenas y que me dejasen dormir! Primera Lección sobre Japón aprendida: El cliente siempre tiene la razón y la empresa se disculpa. Las reverencias de disculpa son de 90º!

También pasa al revés. Le ocurre al pobre extranjero en España, que aunque habla español todavía se le escapan palabras, expresiones o costumbres nacionales. Ese es el caso de Tanuki, un japonés en España. Un día iba caminando por una calle española oscura sin nadie a la vista. Yo le acompañaba. Era tarde y de madrugada. Había un silencio absoluto. De repente nos salió al paso un individuo pequeño pero claramente drogado. Se nos colocó enfrente cerrándonos el paso. No teníamos margen de maniobra. Nos espetó con voz pastosa pero firme:

– ¡Esto es un atraco!

Me puse blanca de un plumazo y sentí dolor en el estómago. ¡Ay! El miedo. Me agarré de Tanuki mientras mi vista se posaba en las manos del individuo, a solo un palmo del estómago de Tanuki, esperando ver una navaja apuntando. Estaba muy oscuro y me quedé paralizada. Ya está, van a robarnos o hacernos daño, pensé temerosa. Pero por el rabillo del ojo vi a un Tanuki muy sereno y tranquilo, como si la cosa no fuese con él. Sin prisas pero sin pausa le contestó al individuo en un tono seguro y jocoso:

– ¿Un atraco? ¡No, gracias!

El individuo se quedó igual de perplejo que yo al escuchar la inesperada respuesta. Y casi sin darnos cuenta se amedrentó cediéndonos el paso con las manos, como un torero indicándonos el camino con su capa. Tanuki aceleró, yo me dejé llevar y salimos de la oscura calle. Una vez fuera de peligro, le pregunté:

– ¿Pero no tenías mied0?

– ¿Miedo a qué? ¡Esto es un atraco ha dicho! ¡Pero yo no he visto ningún atraco! ¿Qué es un atraco? Ese hombre me quería vender un atraco a estas horas, pero yo ni sé lo que es un atraco, ni he visto que llevase nada!

Vivan entonces los malentendidos donde no se conoce una palabra, una expresión, una costumbre nacional, pero se sale del paso por la puerta grande.

 

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Un comentario

  1. Muy bueno…..

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