Taiwan, la pequeña Asia

DSC_0692La isla de Taiwán, antigua Formosa para los portugueses o isla hermosa para los españoles de siglos anteriores, realmente hace gala de esa gran belleza. No sólo en su exorbitante naturaleza, sino en sus gentes y en su delicado poso. Es un pequeño rincón de contrastes. Una pequeña Asia de dimensiones abarcables, pero lo suficientemente alejada del continente y de sus vecinos mayores. Es la gran desconocida. Pero el placer de descubrirla no tiene desperdicio.

Con Taiwán me ocurrió algo extraño. La había estudiado demasiado desde fuera y en los libros. Conocía su difícil historia, su sufrimiento al ser colonizada tantas veces por países tan distintos y me había sorprendido su capacidad histórica de adaptación. Entendía sus complicadas relaciones con las grandes potencias asiáticas que la rodean, su cara y su cruz por tener una de las mejores posiciones geopolíticas en el continente. Conocía a sus gentes y tengo amigos taiwaneses. Sabía tanto a través de terceras fuentes que necesitaba conocerla de primera mano. Este deseo pudo acabar de dos maneras, como acaban las grandes expectativas: chasco o sorpresa. Y en este caso, Taiwan sobrepasó lo esperado.

Taiwán concentra en medio del Pacífico pequeñas coordenadas de historia, cultura y naturaleza asiática. Es rural y precaria. Muy colorida y alegre. Moderna y decayente. Pero también es exótica y salvaje. Pacífica y hermosa. Su paisaje es de grandes contrastes abruptos: mar y playas cristalinas, lagos y bosques, montañas y selvas, un Taipei avanzado y capitalista rodeado de un entorno agrario anclado en el pasado. Y sus gentes son un reflejo constante de sus rasgos. Siempre sonrientes, hospitalarios, tranquilos y acostumbrados a la presencia extranjera.

Una mañana de domingo, unas adolescentes con un buen nivel de inglés me paran en el metro de Taipei para hacer los deberes, en este caso una entrevista a cualquier extranjero que se cruce en su camino. Me transmiten simpatía, mucho entusiasmo y una buena educación. Más tarde, después de varias horas en tren, dos autobuses y mucha selva, llego a la recóndita montaña Lion Head. Mientras asciendo para explorar sus escondidos templos, un grupo de monjes budistas se me acerca para preguntarme de dónde vengo. Spain. Sonríen. Parece que se alegran de verme. Me hablan de nuestro pasado conjunto. De eso hace 400 años, pero conocen bien su historia. Me dan la bienvenida y siguen su camino.

Y mi camino en Taiwán siempre está repleto de luces tenues y pequeños farolillos rojos. Me encuentre en medio de una montaña sagrada rodeada de niebla, me pierda en un mercado abarrotado de Taipei o disfrute de un té a media tarde en la ciudad portuaria de Tansui, este juego irresistible de sombras siempre me acompaña. El contraste del rojo intenso con una diminuta luz, en medio del Pacífico, me dicen que estoy en Taiwán y que es hermosa, muy hermosa.

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2 comentarios

  1. Cuando fui a Taiwán, quedé fascinada por su belleza.
    Yo creo que hay gran diferencia entre Japón y China. Ambos países tienen muchas cosas buenas. Por otra parte, Taiwán tiene cosas buenas de estos dos países. Es un lugar maravilloso. Además la gente de Taiwán es más abierta que la de estos dos países.

    Lo que más me gustó era dumpling de Din Tai Fung! Estaba buenísimo.

    Me ha gustado mucho como ha explicado usted. Siempre leo su blog. Gracias

  2. Muchas gracias Calípedes. Me alegro que te guste!

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