Amanecer milenario

Kioto, by Caracol@

Kioto, by Caracol@

Me dijeron que iba a estudiar en Kioto, lo cual es cierto. Me dijeron que viviría en Kioto, lo cual es relativamente cierto. Vivo a cuarenta minutos del centro, pero en tren. Lo cual no está del todo mal teniendo en cuenta el tamaño de esta inmensa ciudad. Aquello que no me dijeron es que el barrio de Seta está situado cerca de un lago. Tampoco me dijeron que es en el Lago Biwa, el más grande de Japón, donde se mezclan el cultivo de arroz en pequeñas parcelas todavía no aguadas, diversos centros comerciales, casas residenciales y apartamentos de clase media. Y al fondo del variado paisaje, las montañas circunvalan Kioto, la antigua capital de Japón, como si de la M30 se tratase.

Nada de lo que veo me disgusta pero para ser sincera, tampoco me sobrecoge. Desde mi balcón diviso un campo de arroz, un bloque de apartamentos de poca altura que podrían ubicarse en cualquier otro país del mundo y las montañas pobladas de inmensos bosques. Al parecer esta es la vista que me acompañará todos los días en los próximos doce meses. Tiempo para mirar, observar y aprender de otra cultura. Pasaré horas dedicadas a intensas clases de japonés. El tiempo que sobre para buscar a quien me encuentre. Y si aún quedan momentos, evitar que lo vivido no se escape. En la cima de una de las montañas que diviso, una antena y un pequeño templo se erigen. Me pregunto cómo será el templo y la vista desde allí. De momento me conformaré con divisar la estructura, como estoy haciendo con la ciudad. Reconocimiento exterior. Poco a poco iré sumergiéndome en la profundidad de las calles de esta gran y desconocida urbe. No tengo prisa. ¿Para qué tenerla? Hay un año por delante para averiguar qué tipo de alma posee Kioto. Todas las ciudades presumen y carecen de una. El cómo descubrirla traza el camino hacia ella. Mi primer contacto con Kioto tiene lugar de madrugada. Entonces, la ciudad de Kioto se aparece a medias, a oscuras y en silencio. Y tras la soledad de las primeras horas los templos avanzan. La hostilidad no existe. Solo una ciudad del pacífico por despertar. Pequeñas miniaturas, escondidas callejuelas, diminutas puertas, cuidados jardines…y madera. Madera vieja y oscura, tallada en múltiples formas, quizá estropeada, pero viva. Techos de baldosas azules y negras resbalan hacia aceras estrechas y de vez en cuando, tiendas abiertas en las que nadie entra. Son las cinco y media, y Kioto descansa. Sigo caminando. Más a ciegas que nunca, pero nunca con ojos tan abiertos. Ando perdida en una ciudad que descubro por vez primera. Sin nadie a quien preguntar, avanzo junto al alba.

Kioto, by Caracol@

Kioto, by Caracol@

Y de pronto, allá a lo lejos se divisa lo exótico, desconocido e inalcanzable. El Japón imperial. Mientras las pisadas extranjeras recorren maravilladas piedras milenarias, Japón nace de nuevo. A izquierda y derecha templos y viejos edificios, cuyo significado aún desconozco, aparecen desnudos. Sus puertas duermen todavía y mis ojos intentan fotografiar lo que mi memoria pueda retener. Pequeñas impresiones en una madrugada insomne. Y siempre alrededor, grandiosos jardines en los que el minimalismo japonés impone su firma.

De golpe, el Japón actual: anime, manga, kanjis, hiragana y katakana que intentan describir lo que para mí es todavía incomprensible. Y edificios que miran al cielo, pero ya no religiosamente. Los templos se abren al Japón económico, capitalista y comercial. Cemento rodeado de neón colorista. Pero aun así, todo deslumbra. No hay repulsión, sólo un desarrollo que intenta aunar el ancestral pasado nipón. Encuentro el camino de vuelta. El sol ha nacido y todo empieza de nuevo. A la vuelta a mi habitación me quedo con ganas de más amaneceres entre montañas. Y templos que adquieran el naranja de la madrugada. Quiero más, y por eso volveré mañana, a desperezarme con Kioto, de madrugada.

Primeras impresiones de Kioto, 17 de septiembre de 2007

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2 comentarios

  1. Calípedes · · Responder

    Me ha gustado mucho el artículo! Me ha recordado el viaje al Kioto que hice hace años.

    Si no me equivoco, el templo de la foto es Chishaku-in. Es mi templo preferido.
    Como escribe usted en el artículo, Kioto es una ciudad maravillosa. Además cuando no hay turistas es el mejor momento para sentir la tranquilidad y la solemnidad de Kioto. El templo “Chishaku-in” no es tan famoso como el Templo Kiyomizu o el Templo Kinkaku. Es por esto que Chishaku-in mantiene la tranquilidad y la solemnidad todo el día. El jardín del templo es lo que más me gusta de todo.

  2. Gracias Calípedes por tu comentario. Me alegra te haya gustado el artículo y te haya hecho recordar un viaje especial. Y efectivamente, el templo de la foto es Chishaku-in, que también es uno de mis templos y jardines preferidos!

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